Desde ese momento hizo un pacto con la vida. La eligió.
Creció fuerte, curioso, sin miedos. No lograba reconocerlos.
Se dio cuenta de sus capacidades y se asombró. Se creyó invencible.
Se dio cuenta de sus debilidades y se asustó. Se sintió vulnerable.
Se dio cuenta de que no era el mejor en todo. De hecho, no era el mejor en nada.
Mucho tiempo pasó reprochándose esa condición. Después comprendió que era mejor así.
No existe tal cosa como el mejor.
Aceptó que no era el mejor en nada, pero entendió que era bueno en muchas cosas.
Aprendió que con esfuerzo, eso en lo que era bueno se transformaba en muy bueno y eso en lo que era malo se transformaba en no tan malo.
Disfrutó de aquello conseguido con esfuerzo.
Vivió con miedo. Mucho miedo.
Pensó que era por todas las cosas que no podía lograr.
Se dio cuenta que era por todas las que podía.
Descubrió que el dolor, si proviene del alma, duele más.
Temblando, absorto, llorando, muerto de miedo. Los enfrentó.
Fue valiente...por unos segundos.
Fue valiente...por unos segundos.
Entendió que la valentía no es una cosas que se adquiere en determinado momento.
La valentía es un título que el mundo pone a prueba todos los días y que una bocanada de aire nos puede ayudar a terminar eso que empezamos.
Entendió que los Héroes existen y son de carne y hueso.
Que es importante tener un plan y pensar las cosas, pero más importante es cerrar los ojos e ir para adelante con fuerza.
Aprendió a competir lealmente y a que es preferible perder a ganar como sea.
Aprendió a valorar las victorias, a no sufrir las derrotas y a que, pase lo que pase, no importa cuan
bueno se pueda ser, siempre...pero siempre se pierde más de lo que se gana.
Entendió que la vida no siempre es justa en la medida en la que quisiésemos.
Aprendió a amar hasta que duela. Y cuando duela...seguir amando
Él sigue acá entre nosotros. Actualmente, camina las calles de la ciudad y muy probablemente hayamos compartido más de una vez el subte o el bondi con él. Se viste y camina como uno más, haciendo imposible su reconocimiento a simple vista. Dicen los que lo conocen, lo única forma de identificarlo es colocando el oído sobre su pecho y escuchar sus latidos. Su corazón, el doble que lo normal, es lo único que lo diferencia del resto.
"...Es una cosa muy simple, pero tarda años en llegarse a ello. Cuando uno entiende el sentido de la condición de hombre, uno lo entiende a través de un vinculación ética con la vida, y cuando uno entiende el sentido de la condición de artista, uno lo entiende, el escritor, lo entiende a través de una vinculación estética, rigurosa con lo que hace. Ahora el problema se da en que somos hombres y somos escritores, entonces, nuestra vida se va a resolver de una sola manera: otorgándole a lo que hacemos esa misma carga ética con la que afrontamos la vida e intentando devolverle a la vida, el rigor estético con el que afrontamos la literatura..."
El Maestro Julio Cortázar